Cuando menos me lo espero, vuelves a aparecer. Es como un relámpago poderoso que nace en la distancia y en un abrir y cerrar de ojos deslumbra mi habitación; como un estridente ruido que surge lejano y viaja a una velocidad vertiginosa a través del aire y del agua, llegando a mis oídos en cuestión de segundos; como ese “¡CHAS!” del que tantas veces hemos hablado, mediante el cual aparecemos junto al otro con solo proponérnoslo…
Ya ni me acordaba de que te habías escondido entre las oscuras manchas del cojín de leopardo que ve pasar los días repantigado en mi cama en su duermevela particular y, tirándome en ella, más confiada de que nada perturbaría mi inminente sueño que agotada, surgiste de la nada, obligándome a sonreír.
Un suspiro indiscreto y revelador se ha escapado de mis labios al momento… ¡Cuán evidente es a veces el ser humano! Si Bécquer hubiese estado entre estas cuatro paredes, hubiera tenido por lo menos para XCVI rimas más.
Ya ni me acordaba de que te habías escondido entre las oscuras manchas del cojín de leopardo que ve pasar los días repantigado en mi cama en su duermevela particular y, tirándome en ella, más confiada de que nada perturbaría mi inminente sueño que agotada, surgiste de la nada, obligándome a sonreír.
Un suspiro indiscreto y revelador se ha escapado de mis labios al momento… ¡Cuán evidente es a veces el ser humano! Si Bécquer hubiese estado entre estas cuatro paredes, hubiera tenido por lo menos para XCVI rimas más.

[y que un olor pueda decir tantotantotanto…]
Dadme olores. Un olor tan intenso que pueda verlo.
ResponderEliminarDadme sabores. Un sabor tan meloso que pueda oirlo.
Dadme sonidos. Un sonido tan límpido que pueda tocarlo.
Dadme visiones. Visiones tan reales que las pueda oler.
Dadme razones. Una razón de cristal para no quererte para siempre.
Puedo encontrar un olor visible, un sabor audible, un sonido palpable y una visión tan real que pueda olerla. Pero no puedo encontrar una razón para no quererte todo el tiempo que me queda (dicho desde mi ¿inconsciente juventud?), eso sería una sinestesia impura (las puras las veo hasta factibles en comparación). Y así, este sentimiento tan concreto y abstracto se pierde en hilo blanco, pero de una alegría esplendorosa. Y el hilo se tiñe de rojo, corinto, fuego abrasador que nos inmiscuye en este asunto.
Soy fuego, eres fuego, lo somos. Nos quemamos. Me quemo si no estás, me quemas cuando estás conmigo.
No somos nigún trasunto hoy, somos originales y únicos (siempre los seremos). Estoy en este punto deseando. Te deseo. Deseo todo. Nos deseo. Me deseo si estoy contigo.
S'agapo, mon cherie!