
Nuestra faceta teatral queda al descubierto en clase de lengua (idea que me parece muy acertada). Mono-loco les hará reir; una servidora, reflexionar:
Señoritas, caballeros…muy buenos días. A propósito de la palabra que se me ha asignado, especie, voy a realizar una reflexión sobre la especie humana.
Como sabrán, este año se celebra el II centenario del nacimiento del gran naturalista británico Charles Darwin; y no sólo eso, también se celebra el 150 aniversario de la publicación de su obra El Origen de las Especies ¡150 años desde que se descubrió la teoría que revolucionaría el mundo entero en general y la historia de la ciencia y la biología en particular!
Y es que fueron diversas especies las que unieron a los primeros homínidos con el hombre actual. Australopithecus, Homo habilis y Homo erectus son algunas de las que realizaron saltos evolutivos.
Es innegable que encontramos muchos avances y progresos a lo largo de la evolución humana: aumento de la capacidad craneal, caminar erguido, uso y dominio del fuego, empleo del vestido, utilización de instrumentos de hueso y piedra cada vez más elaborados…
Poco a poco surgieron las primeras formas de agricultura y domesticación de animales, manifestaciones artísticas y culturales, se crearon y poblaron ciudades…
En esto estamos todos, imagino, completamente de acuerdo. Sin embargo, ¿realmente podemos decir que vivimos en un mundo que ha evolucionado?
Un día cualquiera, deténganse en el centro de la ciudad y miren a su alrededor. Verán numerosísimos avances científicos y tecnológicos mediante los que ganarán tiempo ante la llegada de la pálida dama vestida de negro (generalizando un poco, es cierto). [ABRO UN PARÉNTESIS: no niego que la tecnología nos aporta muchos efectos beneficiosos, no voy por ahí].
Bien, sigan mirando, no se detengan sólo en lo superficial, profundicen.
Fíjense en cada uno de los individuos que cruzan atareados la Gran Vía. Escojan uno. Quítenle las caras vestimentas, los aparatos última generación y, a excepción del nivel cultural que posea cada individuo de la especie, piensen qué le queda. ¿El mismo ser con los mismos miedos, angustias, deseos, dolores, esperanzas e ilusiones que el hombre de las cavernas? Efectivamente. Y es que poca evolución hemos llevado a cabo en ese aspecto.
La gran parte de la especie humana continúa siendo bárbara, primitiva y autómata en muchos aspectos; ha quedado anclada como un fósil en el Pleistoceno. Tenemos ante nosotros un mundo que se desmorona por momentos, que humanamente no progresa, está hundido y estancado…¡El mundo se ha olvidado de sentir!
Engañamos, traicionamos, envidiamos…Actuamos con hipocresía, intentando aparentar lo que no somos…Nos comportamos como unos intolerantes y egoístas incapaces de cuidar de lo que nos rodea…Invertimos grandes cantidades de dinero en máquinas para descubrir vida en otros planetas, mientras que otra buena tajada va destinada a la invención de más máquinas para luchar y acabar con las vidas del nuestro.
No sentimos reparo en ascender pisando cabezas y, menos aún, en que se nos conozca por nuestra grandiosa posición económica y excelente manicura, que eso de hacer algo bueno por los demás, a nadie le importa y ya no se lleva.
Maltratamos animales escudándonos en la tradición y colgamos las cabezas de nuestras presas en nuestro bonito salón, mostrando virilidad y valentía. Vergonzoso y salvaje.
Sabemos que en países subdesarrollados mueren miles de niños que podrían ser nuestros hermanos, primos, amigos o hijos y nos importa poco. Somos inmunes ante el dolor ajeno ¡Qué gran barbaridad!
Para más inri, en esta explosión tecnológica en la que nos encontramos, con tantas posibilidades de aprender, teniendo el conocimiento al alcance de nuestra mano, pudiendo saber tanto de tantas cosas… nos dedicamos a alimentar nuestro cerebro a base de cotilleo, que nada nos aporta. Nos sentamos ante el televisor a tragar basura, perdiendo el tiempo que se nos ha concedido y que nunca volverá.
¿Realmente estamos tan lejos del hombre de Neandertal o del de Cromañón, que vivieron hace unos 500 000 años en este mismo espacio por donde hoy pisamos?
Por el bien de la especie, evolucionemos interiormente y hagamos que esa distancia sea un hecho y no una ilusión. Porque la especie humana está capacitada para avanzar, progresar y mejorar; porque tiene medios, recursos y oportunidades...
Porque si queremos, podemos.
Gracias.
Otra vez la pequeña Queveda haciéndonos pensar. Y vaya que si lo consigue!! Y siempre son cosas que merecen realmente la pena. Muy logrado!! Llega mucho (igual que tú!!!
ResponderEliminarTampoco se le ocurra a usted cambiar nunca. :))